ChatGPT Image 26 Ago 2026 04 11 04 P.m 1024x576

¿Por qué repetimos lo que decimos que queremos cambiar?

Hay personas que llevan meses —incluso años— diciendo que quieren algo diferente. A saber: Mejorar una relación, ordenar sus finanzas, cuidar su salud, cambiar de trabajo, emprender, poner límites, recuperar tiempo, dejar una dinámica que ya no les hace bien, y un largo etcétera.

Y no sólo que lo saben, sino que lo han pensado y con total seguridad, lo han conversado muchas veces; sin embargo, cuando vuelven a observar su vida, descubren algo incómodo: Siguen produciendo resultados demasiado parecidos a aquellos que dicen que quieren transformar.

No es falta de deseo y tampoco es incapacidad de cambio; en realidad, la explicación viene desde el fondo: Querer un resultado diferente no es sinónimo de observar la vida desde un lugar distinto; de tal manera, la causa no radica en lo que hacemos, sino en quiénes somos.

Cuando un resultado no funciona, la reacción frecuente consiste en cambiar la acción como aumentar horas de trabajo, hablar o callar más de lo normal, elevar el control, organizarse de una manera distinta, comenzar otra dieta, tomar otro curso o rediseñar una estrategia y un sinfín de acciones más.

En algunos casos funciona, queda claro. En otras – o en la mayoría – con el paso del tiempo, la persona descubre que terminó regresando al mismo lugar. ¿Por qué? Porque modificó las acciones, manteniendo intacta la manera desde la cual interpretaba la situación.

Desde el Coaching Ontológico existe una distinción especialmente poderosa: Las personas no reaccionan simplemente frente a los hechos, sino que actúan de acuerdo con la interpretación que construyen sobre esos hechos.

Dos personas pueden encontrarse frente a una circunstancia prácticamente idéntica y responder de maneras completamente distintas y no es un tema de talento, capacidad, conocimiento o experiencia. Sucede porque observan mundos diferentes y posibilidades distintas frente al mismo acontecimiento.

Aquello que suele llamarse “patrón” rara vez comienza únicamente en una acción repetida, dado que detrás de esa acción existen, de manera inobjetable, interpretaciones, emociones y particularidades respecto a relacionarse con determinadas situaciones.

Alguien puede decir: “Quiero iniciar mi proyecto.” En simultáneo, su conversación interna le susurra: “Todavía no estoy preparado.” Otro ejemplo, puede mencionar: “Quiero poner límites.” Al tiempo que sostiene una postura de: “Si digo que no, dejarán de quererme.” Inclusive puede declarar: “Quiero cambiar mi relación con el dinero.” Y continuar interpretando cualquier inversión, riesgo o pérdida desde el miedo y la escasez.

Entonces aparece una contradicción que podría pensarse extraña: La persona quiere cambiar, pero continúa actuando desde el mismo observador que produjo aquello que quiere cambiar; entonces, el resultado se repite dada la coherencia entre lo que sostiene de sí misma, por hábito o rutina, con las acciones ejecutadas.

La palabra coherencia suele utilizarse como sinónimo de hacer lo correcto; no obstante, desde una mirada ontológica puede observarse de otra manera.

Una persona puede producir resultados que, de forma consciente no desea; y, aun así, sus acciones estar perfectamente coherentes con las conversaciones, emociones y creencias desde las cuales está viviendo.

Quien interpreta el error como fracaso quizás evitará situaciones donde pueda equivocarse.

Quien interpreta pedir apoyo como debilidad buscará resolverlo todo solo.

Quien cree que “no es suficiente” seguirá preparándose eternamente antes de exponerse.

Quien aprendió que el conflicto debe evitarse quizá guarde silencio incluso cuando sabe que requiere conversar.

Desde afuera parecería contradictorio mientras que, desde el observador de esa persona, tiene completo sentido.

Es así que la transformación no comienza con “¿Qué hago diferente?” sino con “¿Quién estoy siendo para hacer lo que hago?

Además, existe otra trampa.

Comprender intelectualmente un patrón no resulta en haberlo transformado.

Una persona puede tener claridad de lo que posterga, saber que tiene dificultades para poner límites, reconocer que siempre elige determinado tipo de relación e incluso, explicar con impresionante precisión por qué lo hace. Y seguir haciéndolo.

Conocer una explicación no equivale a crear una nueva manera de ser frente a aquello que ocurre.

Queda claro que información abre posibilidades; no obstante, la transformación requiere observarse cuando el patrón está sucediendo, escuchar la conversación interna, reconocer la emoción, distinguir qué ocurre en el cuerpo y descubrir que, en ese instante, puede existir una elección diferente.

Muchas conductas se vuelven automáticas porque han sido repetidas suficientes veces y por eso es que ante determinada situación aparece la misma respuesta porque se activa una interpretación, surge una emoción conocida, el cuerpo adopta una disposición habitual, apareciendo la conducta de siempre y por sobre una decisión consciente. Simplemente sucede.

Por eso modificar patrones de conducta implica aprender a interrumpir ese automatismo. ¿Cómo? Creando distancia entre lo que ocurre y la respuesta, pues en ese espacio que puede parecer insignificante, es donde la diferencia ocurre basada en la posibilidad de elegir.

Observar patrones tampoco es declararle la guerra a la propia historia, pues cada manera de responder ante los eventos de la cotidianidad apareció dentro de un contexto determinado que quizás funcionó, protegió o permitió atravesar una situación difícil.

El problema aparece cuando esa respuesta que alguna vez fue útil se convierte en la única respuesta disponible; de tal manera, la transformación no exige avergonzarse del observador que se ha sido; sí, ampliar el repertorio y modificar el lenguaje interior.

Al decirse: “Hasta ahora he respondido así. ¿Qué otra posibilidad puedo crear?” el pasado deja de convertirse en sentencia y se transforma en aprendizaje.

Llegado cierto momento, una persona puede darse cuenta de que ya ha pensado suficiente, conoce la conversación interna, reconoce el patrón y sabe qué es lo que quiere cambiar. Allí aparece otro desafío: Elegir.

No cuando desaparezca el miedo, ni cuando exista garantía absoluta o cuando las condiciones sean perfectas. ¡La elección es con lo que está disponible! Esperar a estar listo para comenzar es la más grande justificación para que nada distinto ocurra, salvo que la vida continúa y sigue ocurriendo.

Alma Essence – Liderazgo desde el SER propone experiencias donde las personas puedan observar precisamente algunas de estas conversaciones: Cómo interpretan, cómo eligen, cómo se relacionan y qué posibilidades dejan fuera cuando continúan actuando en automático.

El programa no se trata de entregar respuestas universales ni de decirle a alguien cómo debe vivir; sí de que el participante aprenda a crear un contexto para que pueda observar aquello que no observa y asuma responsabilidad sobre las elecciones que siguen construyendo su realidad.

Este 28, 29 y 30 de agosto, ALMA 11 comienza su Entrenamiento Básico en Quito.

La pregunta no es: “¿Qué quiero cambiar?” sino una más incómoda y poderosa:

¿Qué estoy dispuesto a observar diferente para dejar de repetir aquello que digo que quiero transformar?

ALMA 11 · Entrenamiento Básico
28, 29 y 30 de agosto de 2026
Quito · Presencial · Mayores de 18 años
📲 0999661560

El cambio que buscas no está afuera. Empieza en tu SER.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *