Hay una idea que durante años me resultó desafiante tanto que al principio la escuchaba y me parecía exagerada. Después empecé a observarla en mi propia vida hasta que comprendí que quizá encerraba una de las conversaciones más poderosas que un ser humano puede sostener consigo mismo: Todo está disponible.
No significa que todo vaya a ocurrir por arte de magia, que sea fácil o que el universo – ponle el nombre que quieras – tenga una deuda pendiente contigo. De hecho, significa que muchas de las posibilidades que hoy consideras imposibles no están siendo limitadas por la realidad, sino por la manera en que la estás observando y esa diferencia lo cambia todo.
El verdadero límite rara vez está afuera
A lo largo de la vida vamos construyendo interpretaciones sobre quiénes somos; algunas son producto de propias experiencias difíciles, otras de opiniones ajenas, tanto que, en cualquier caso, terminamos aceptándolas como verdades, a fuerza de repetición: “No soy capaz.”, “No tengo lo necesario.”, “No sirvo para liderar.”, “No puedo cambiar.”, “No es para mí.”
Con el tiempo dejamos de ver estas frases como interpretaciones y comenzamos a vivirlas como hechos; sin embargo, existe una pregunta incómoda que vale la pena hacerse: ¿Y si aquello que considero imposible fuera simplemente una conclusión que aprendí a sostener?
¡Boom! Porque una creencia no es la realidad sino una manera de observarla; por lo tanto, al observarla de manera diferente, cambian también las posibilidades que somos capaces de ver.
La transformación no es un cambio
Aquí aparece una distinción fundamental: Transformar no es cambiar, dado que cambiar es modificar algo. Transformar es convertirse en alguien capaz de sostener una realidad distinta. A continuación, un ejemplo: Imagina a una persona extremadamente delgada que decide ir al gimnasio. Durante meses se esfuerza, entrena, aprende, se disciplina, construye hábitos, se cae y vuelve a levantarse.
Años después posee un cuerpo fuerte, desarrollado y saludable. ¿Cambió? No. Pero eso no es lo más importante. Lo verdaderamente relevante es que se convirtió en alguien capaz de ser y hacer aquello que antes no podía; por lo tanto, se transformó. Voy a que la transformación no ocurrió el día que vio resultados en el espejo sino que sucedió mucho antes, cuando eligió ser alguien distinto.
Elegir antes de ver
El filósofo Søren Kierkegaard dedicó buena parte de su obra a explorar la importancia de la elección en la construcción de la existencia humana. Para él, el individuo no descubre quién es, sino que se convierte en quien es a través de sus elecciones; en consecuencia, elegirse a sí mismo es un acto de responsabilidad y de creación permanente y esta idea tiene una profundidad enorme.
Porque la mayoría de las personas espera ver resultados para comprometerse; o en su defecto, primero quieren la confianza para actuar, la certeza para decidir, la garantía antes de dar el paso, por citar escenarios.
La transformación funciona exactamente al revés: Primero eliges, luego actúas y después aparecen los resultados. La elección antecede a la evidencia.
El observador crea posibilidades
Desde la ontología del lenguaje comprendemos que los seres humanos no actuamos únicamente de acuerdo con cómo somos pues también llegamos a ser de acuerdo con cómo actuamos, donde la acción moldea nuestra forma de ser.
Asimismo, el lenguaje no solo describe la realidad pues también genera nuevas posibilidades de acción, donde las declaraciones, los compromisos, las promesas y las conversaciones que sostenemos participan activamente en la construcción del futuro.
Por eso dos personas pueden enfrentarse exactamente a la misma situación y producir resultados completamente distintos. No porque una tenga mejor suerte o porque la otra sea más inteligente, sino porque observan la situación desde lugares diferentes. Cada observador ve posibilidades distintas; de tal manera, cuando transformas tu observador, transformas el mundo que aparece frente a ti.
El precio de una nueva posibilidad
Aquí hay algo que pocas veces se dice. Todo está disponible pero no todo está disponible para la misma manera de ser; por lo tanto, la vida que deseas construir requiere una versión de ti capaz de sostenerla. Vamos más allá: Las relaciones que deseas crear requieren conversaciones que quizá aún no sabes tener; el liderazgo que deseas ejercer requiere niveles de responsabilidad que quizá aún no has desarrollado; y/o, la libertad que anhelas requiere hábitos que tal vez todavía no has construido.
Por eso la pregunta no es ¿Está disponible para mí? sino: ¿Quién elijo ser para sostenerlo? Esa es una conversación completamente diferente.
El autor de tu propia vida
Existe un postulado extraordinariamente poderoso que ha acompañado durante décadas a quienes han dedicado su vida a la transformación humana: Yo soy el autor indiscutible de lo que pasa en mi vida.
No significa controlar todo lo que ocurre pues nadie puede hacerlo. Se refiere a asumir responsabilidad sobre la manera en que respondemos a lo que ocurre; abandonar el papel de víctima de las circunstancias; y, recuperar el poder de elección. Sí, siempre habrá circunstancias. La pregunta es: ¿Cuál es la elección sobre quien quieres ser frente a ellas?
Todo está disponible
Quizá no hoy, no mañana, no sin esfuerzo, no sin conversaciones difíciles, no sin cuestionar creencias que has sostenido durante años.
¡Pero sigue estando disponible!
Para quien decide observar distinto, se atreve a elegir, está dispuesto a construir los hábitos que sostengan una nueva manera de ser; y, para quien comprende que la transformación no consiste en convertirse en alguien diferente, sino en revelar posibilidades que siempre estuvieron ahí. La vida que anhelas no está esperando a que cambien las circunstancias, sí a que cambie el observador y esa es la posibilidad que siempre ha estado disponible.


Poderosa relación con las circunstancias de la vida🤟♥️